No soy absolutamente nadie.
No, ni siquiera nadie, no soy nada.
¡Miento!
Algo seré, porque ocupo un lugar... ¿Verdad?
Miro mi alrededor y me pregunto qué hago yo aquí, quién soy yo para estar aquí, viendo cómo corren aquellos niños tras un balón esférico, cómo las palomas comen las migas que unas señoras les tiran, cómo las nubes flotan allí arriba...
¿Y yo?
Yo estoy sentada en un banco, ajena a todo y todo ajeno a mí.
No aporto nada, siquiera un matiz al cuadro que me rodea.
Me siento como la mota de polvo molesta que produce alergia, como el bache en una carretera, como la marca de la goma en la hoja del dibujo, como la gota de agua que se cuela en el cuello, bajo tanto abrigo, como esa uña partida al abrir un bote de Nocilla, como ese grano molesto que aparece en un gran día...
Si se eliminaran todas esas cosas molestas, la vida sería más despreocupada... O no cambiaría nada.
Me levanto, camino, huyo de la actividad... Y me detengo.
Veo mis pies, mis zapatos más bien.
¿Por qué caminan?
¿Por qué ese movimiento?
Alzo la vista y me veo reflejada en un espejo.
¿Quién es esa persona?
Morirá algún día, el tiempo pasará y el mundo se olvidará.
¿Quién eres?
Una persona más.
Te irás, nadie te echará de menos y todo volverá a ser igual.
¿Para qué vas a tener que tragar tanta mierda y puedes acabar con ello ya?
Pasarlo mal, cada noche llorar, sentir un nudo en la garganta eterno, no poder levantar el vuelo por la argolla alrededor de tu cuello, sentir el cuerpo pesado, atadas las manos...
¿Por qué aguantar, eh?
Total, ¡nada va a cambiar!
Te sientes muerta por dentro, ¡qué más da que por fuera sea igual, que desaparezcas de una vez, ya!
Además, esto que escribo ni sirve de nada. Es un desahogo. Otro de tantos que ni siquiera se leen. Éste sin embargo es de otra chica más, que seguro que no lo pasa tan mal como otros que tienen problemas de verdad, por lo que está justificado llorar. Pero no puedo más. Otro derrumbe... Y se acabará.
Que nadie se preocupe por esa chica, de verdad. Ya sabe lo que se hace. Ya se arrepentirá. O puede que no, puede que encuentre por fin la felicidad, puede que encuentre un lugar, su lugar, aunque tenga que viajar hasta el Más Allá. Supongo que ya os lo contará.
Evitemos pensar "¿Qué tal estará?", ¿vale?
Es como un juego: Yo escribo, tú miras y, después, te vas.
(Leed esto, por favor, es una explicación totalmente necesaria.
Disculpen).
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