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6.3.15

¿Y qué más da?

Apártate de tus amigos, de tu familia, de los extraños, de los menos conocidos. Salta por el precipicio, deja marcas en tu piel, mete más pastillas en tu cuerpo, bebe lejía, mezcla cosas que no deberías, deja que una cuerda ahogue tu carótida, coge el coche y zámpate un quitamiedos, ¡no te preocupes, quita-miedos! ¿No has probado las drogas? Quizás deberías, mata tus neuronas. No comas o, mejor, come y luego lo devuelves, destrózate la garganta. Rompe tus sueños e ilusiones, lo principal, así te quitas de mierdas. Abre el gas y tira una cerilla, sal por los aires, camina por el cielo, grita de dolor y espárcete con el fuego.

¡Es lo que querrías hacer ahora mismo a sabiendas de que te arrepentirías!
¡Lo sabes!
¿Por qué no lo haces?
¿Qué más da que lo hagas?

9.12.14

Volvemos a las andadas...

Con el corazón hecho trizas.

Sentirte herida de bala en el pulmón, sintiendo cómo te falta el aliento a cada bocanada que intentas robar al aire. Sentirte bien por haberte recuperado de una enfermedad y, sin embargo, sentirte mal por haber perdido la persona que más amabas. Sentirte aliviada por conocer la verdad y sentirte dolida por lo que se tuvo que aguantar.

Sentirte traicionada.
Sentirte engañada.
Sentirte dolida.

Ojalá no sintiera nada.


Pero eso es imposible cuando se habla de la persona amada. Eso es imposible cuando se han compartido tantas palabras, tantas experiencias, tantas caricias y tantas malas pasadas. Eso es imposible. Se supone que hay que pasar un duelo, que hay que pasar página. Se supone que esto se supera, que hay más personas. Se suponen tantas cosas y se sabe más bien nada.

Desde luego, hay que pasarlo mal... Sin embargo me empeño en mantener una esperanza que no existe más que en mi imaginación. Cuando te cansas de un juguete, coges otro; supongo que yo pasaré al principio de una larga lista de juguetes usados, rotos y separados.

Llego a pensar que no sé si hice bien en confiar, que si hubiera sido mejor no hablar, no viajar... Morir hace un año en paz. Sólo lo llego a pensar aunque sepa que no es cierto... Los dos mejores años de mi vida han pasado... Se piensa que llegarán algunos buenos, pero yo sé que no, es imposible, no puedo.

¿Que ocurre cuando una idea que tenías clara desde siempre se ve arruinada?
Que te arruinas la vida.

Y os confesaré un secreto a voces: 
Mi idea de toda mi existencia sobre que mi primer amor sería con quien compartiría mi vida... Está arruinada.
Entonces mi vida... 

Os lo podéis imaginar, ¿no?

9.4.14

Largo, fuera, nadie te quiere aquí

Eso, vete ya.
¡Que te vayas, he dicho!
¿Osas ignorarme?

Ya, claro, como si pudieras, eh.

Adelante, ¡intenta ignorarme! ¿A que no puedes?
¿A que no puedes desprenderte de mí? Soy algo constante y pesado, ¿verdad? Parece incluso que he entrenado para ello. Sí, sí, me permito cierto humor porque me río de ti. Me río de tu debilidad, me río de tu espantoso cuerpo, me río de ti, sí.

¿Agachas la mirada? ¿Te miras las manos?
Por supuesto, hazlo, pronto esas manos te serán útiles y lo sabes.
¿Sabes por qué, eh? ¿Lo sabes?

PORQUE HE DICHO LARGO, FUERA DE AQUÍ, NADIE TE QUIERE AQUÍ.
¿SABES A QUIÉN SE LO DIGO?
SÍ, A TI, A LA CHICA MISERABLE, LA CHICA SIN NOMBRE.
VETE YA DE AQUÍ, DEJA DE ESTORBAR, NADIE TE QUIERE YA.

10.3.14

Las respuestas a los porqués

¿OS ACORDÁIS DE ESTA ENTRADA?

No puedo sonreír porque no ENCUENTRO motivos para ello. Es como si todo lo que me gusta, lo que hubiera podido ser mi motivo para hacerlo en el pasado, se hubiera esfumado, evaporado. Por eso todo me sienta mal. Todo es un constante recuerdo agridulce que no hace sino empeorar sucesos futuros que recuerdo más tarde con odio por no haberme comportado de otra manera... Y ello me lleva a pensar que no, que todo hubiera sido mejor si mi existencia no hubiera tenido cabida en este mundo. Porque todo sería más fácil si nadie me hubiera conocido. Porque todo hubiera sido más sencillo, menos enrevesado si nadie me hubiera querido, amado.
Simplemente, no debería haber nacido.

Por supuesto, al igual que las preguntas de la otra entrada, las respuestas me azotan. Me azotan porque son verdades como puños y no puedo huir de la verdad. No puedo, no. Siempre he querido saber la verdad de las cosas y, una vez que la sé, no puedo olvidarla. Soy incapaz.

Lloraba porque siento dolor. No me quedan más lágrimas porque ya las he derramado todas. Siento que no debería estar porque soy causa de mi propia desgracia y de la de los demás.

Escribí esas preguntas porque me acosaban. Escribo estas respuestas porque quiero que sepáis la verdad.

Me siento mal por haceros saber el simple hecho de que no estoy bien.
No puedo mejorar porque siento que soy una molestia constante, aunque me repitan mil veces que no.
No puedo intentarlo más... Porque no me quedan fuerzas. Flaqueo.

Y me siento impotente porque no puedo hacer más. No puedo sacar energía de más sitios... Sintiéndome desganada porque las energías se me han ido por completo en intentarlo mil veces por la gente que me apoya, que está en esta vida mía. Vida mía que otro habría sabido sacar mejor provecho, que no hubiera estado mal, que no la hubiera tirado a la basura como hago yo. Que no hubiera sido un despojo de lo que fue.

¿No he dado suficientes razones para explicar esta angustia?
¿Y este dolor?
¿Y esa punzada en el pecho que me recuerda con cada latido que el tiempo se me escurre entre los dedos?
¿Y ese nudo en el cuello que parece haber cerrado el grifo de mis lágrimas ya secas?
 
Las lágrimas queman en mis ojos porque desean seguir saliendo. Deseo seguir llorando.
Mis manos tiemblan porque no soportan más el lastre de mi cuerpo atormentado.
Mi pies no saben dónde ir porque no tengo futuro.
Las palabras no lograron salir en su día porque soy una cobarde, una sumisa de mis propias ideas.

Debería existir por múltiples razones seguramente, pero no hallo ninguna ahora.
Pienso que no debería estar aquí porque es mero azar el que esté.
Algo va dentro de mí porque me he cargado mi propia mecánica interna, no he engrasado los engranajes de mi cuerpo, sino que he mal alimentado los de mi cabeza para darle estas ideas que ahora me pesan.

7.2.14

Subes... Y bajas

   Subes las escaleras, en silencio con el exterior mientras dentro de ti bullen las ideas.  Las puertas de las casas están cerradas, ajenas a ti. Mejor. Ninguna madre querría hospedar tu compañía, ningún padre se fiaría de tu mirada perdida, ningún niño se atrevería siquiera a tocarte, a llamarte para jugar. Ni siquiera ningún abuelo sentiría ganas para desahogarse de sus males físicos o para fardar de su nieto universitario.

   No.

   Subes las escaleras, sin abrir la boca y las manos en los bolsillos. A través de las puertas se oye el ruido, a través de las mirillas se advierte una cálida luz.

    Una fría luz ilumina las escaleras que continuas subiendo. El metal frío de la llave te roba el poco calor que has conseguido almacenar en tus manos guarecidas en tus bolsillos. Abres la puerta.

   Entras, notas calor, notas la luz cálida...

    Una luz se apaga en tu interior, un frío te recorre la espalda, parece que quieres salir de este insulso cuerpo.

   Cierras la puerta.
   Cierras los ojos.
   Nadie sale a recibirte.
   Las lágrimas salen de ti.

   Aguantas los hipidos, el color vuelve a tu rostro, tornándolo de un rojo peligroso. Peligroso como tu idea predominante en tu cabeza, peligroso como tú mismo.

   Dejas las llaves. Algunas lágrimas se quedan con ellas.
   Dejas la chaqueta. Algunas ideas se quedan en ella.

   Te dejas caer. Nadie se cae contigo. Estás solo. Estás llorando.

   Y, de repente, desearías no estar.
   Y, de repente, el corazón reclama tu atención.
   Y, de repente, cierras los ojos.

   « Ojalá no estuviera así».

4.2.14

Y como el cristal...

... te rompes al caer.

  Ya es la quinta vez que caes. Ya has caído más veces que Jesucristo con su cruz. Él consiguió levantarse las tres veces, la gente le ayudaba a llegar al lugar en el que le crucifijarían.

   ¿Sabes la diferencia?
   Que tú, si mueres, no vas a resucitar.
   Que tú, si mueres, mueres.
   Te mueres.

  DESAPARECES.


   ¿Habrá gente que llore por ti? ¿Acaso te preocupa una vez muerto?

    Realmente hoy sabes que estás mal. Peor que otras veces. No se te van ciertas ideas de la cabeza. ¿Y qué haces salvo escuchar más y más música? ¿Te crees que las canciones te van a arropar, a mimar, a abrazar?

    Lo único que hacen es que no te sientas sola, que escuches algo, pero tú sólo oyes el cristal romperse. El cristal que tenías a tu alrededor, que mantenías, que no querías que se rompiera para volver a caer a un vacío donde la negrura todo lo cubre y no brilla ni una estrella, ni una solitaria luna.

   No.
   Tú caes. Nadie se da cuenta. Pero ahí estás, en caída continua hacia algo incierto.
   Nadie sabrá de tu caída. Nadie se lo hubiera esperado, ¿verdad?
   Cabeza gacha, boca cerrada, ojos velados y sonrisa parca.

   Y un cristal roto.
   Y una vida rota.
   Y unos ojos rotos.
   Y unas personas rotas... Del dolor.

    PIÉNSALO.

25.1.14

Miedo de mí

   No tengo ganas de nada. Abolutamente de nada. Y lo único que ronda en mi cabeza es... ¿Por qué? ¿Por qué no puedo estar bien? ¿Por qué parece que todo es malo? ¿Por qué parece que mi propia existencia no ha hecho más que empobrecer al resto del mundo? ¡¿Por qué, joder?!

     ¿Por qué no puedo dibujar? ¿Por qué no puedo escribir lo que realmente quiero leer? ¿Por qué no puedo hacer diseños gráficos como antes? ¿Por qué parece que, desde que sale el sol hasta que desaparece en el horizonte, mis párpados sólo han querido cerrarse para dar la bienvenida a la Dama de Blanco del cielo?

     ¿POR QUÉ?

      Soy completamente consciente de que ya no puedo hacer cosas tan sencillas como comer o dar un abrazo. Soy plenamente consciente de que esto me está devorando mis entrañas, estrujándolas, mezclándose esa cosa negra con mis fluidos rojizos. Matándome. Está siendo una desesperada muerte lenta.

      Los médicos no ha hecho nada aún. Mi familia lo ha intentado, pero yo sé que no sirve para nada, mejor que lo dejen, mejor que me dejen...

      Sim embargo, yo sigo preguntándome por qué. ¿Por qué esto? Yo no lo elegí, ni por asomo hubiera elegido estar así.

       Y tengo miedo.
      Miedo a desaparecer.
      Miedo a no curarme.
      Miedo a ver cómo los intentos se convierten en resoplidos de consternación.
      Miedo a lo que pueda hacer. A lo que yo pueda hacer.

     TENGO MIEDO DE MÍ.