17.2.15

¿Te acordabas de mí?

¿No? Por favor, si llevo contigo desde casi que naciste, cuando la vida te soltó el primer guantazo con la realidad y te hizo ver que no todo serían risas y alegría.

¿No me recuerdas?

Estoy pegada a ti absolutamente todo el día. Sí, sí, esa sensación de angustia, de dolor, de caos, de tristeza, de malestar. Sí, sí, son mis marcas. Sí, sí, también las líneas de tu cuerpo lo son (es que en ocasiones pasas de mí, ¿sabes? Y como que no me gusta que ignoren los hechos verdaderos y se monten fantasías de Barbie en la cabeza).

¿Todavía no?

¿No te acuerdas de aquella mañana? Tercera fila, parte derecha, primera columna. También estuve aquella tarde, cerca de… ¿En serio que no?
A ver, a ver.
¡Oh, las madrugadas, las noches! ¡Ahí me tienes que recordar!
¿No te viene a la cabeza cuando estuve contigo aquella noche en la que…? Ay, es que han sido tantas, tantísimas, ¡decenas! ¡Si soy la única compañía que no te va a abandonar!

Oh, exacto: Abandono.

Abandono, eh. Soledad, desamparo. Eso te va sonando. Vamos con otra palabra: ¿Juicios? Ah, por tu cara veo que también la captas. Bien, bien. Así me gusta. Miedo, ¿a que sí? Por favor, soy completamente normal, sólo soy tu mayor apoy...



Oh, ¿y esas lágrimas?

Tranquila, yo te las seco, no pasa nada. Estoy aquí siempre, quieras o no, me ignores más o menos, siempre estaré aquí. Absolutamente siempre. Sé que intentarás sustituirme, lo has tratado de hacer más veces, pero volverás, vaya que si lo harás. Volverás y yo estaré ahí para darte un afilado abrazo, uno interminable, que te haga cerrar los ojos y llorar.

Siempre voy a estar ahí, no te preocupes.
Si necesitas algo, ya sabes qué hacer, ¿a que sí?


Oh, si... ¡Si ya lo estás haciendo!
Buena chica.

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