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17.3.15

Aunque lo ignores

Continuarás observando cada detalle en su plenitud, tu cerebro establecerá patrones de comportamiento y los corregirá hasta tener uno único y perfecto, sentirás la imagen delante de ti y que no se refleja en los espejos, escucharás el sonido de alguien que no tiene cuerpo, pensarás situaciones inexistentes, desconfiarás de cualquier ser formado por átomos, te recorrerá el mismo escalofrío y realizarás la misma mueca cada vez que observas algo afilado.

Dirás las palabras más generales que puedas decir, callarás las más importantes, ignorarás las más consecuentes, harás lo que sea para no caer, caerás siempre, te levantarás apretando la mandíbula y mirando al frente, caminarás lentamente pero sin pausa, creerás que avanzas, creerás que mejoras, creerás que te acercas al bienestar.

Asentirás con la cabeza y sonreirás, te morderás el labio para que no tiemble, fingirás bostezar para poder llorar, mirarás la mitad de las veces a los ojos, la otra mitad donde no hay nada lo harás de reojo, inclinarás la cabeza a tu derecha para dejar de oír, cerrarás los ojos para dejar de tener tantos estímulos, te clavarás las uñas en la palma para volver a la realidad distorsionada en la que vives y concentrarte, moverás las piernas para poder reaccionar a tiempo y tener los músculos preparados, mantendrás tu respiración continua sin mover el pecho para no demostrar ninguna muestra de pavor...

Aunque ignores todo esto, aunque decidas quitarle importancia, aunque convivas con ello cada día, sabes lo que hay, sabes por qué está, sabes por qué actúas así.

Aunque lo ignores, sencillamente lo sabes.
Sabes por qué optas por ignorar, ¿verdad?
Por supuesto que sabes el origen de tu ignorancia obligada.


17.2.15

¿Te acordabas de mí?

¿No? Por favor, si llevo contigo desde casi que naciste, cuando la vida te soltó el primer guantazo con la realidad y te hizo ver que no todo serían risas y alegría.

¿No me recuerdas?

Estoy pegada a ti absolutamente todo el día. Sí, sí, esa sensación de angustia, de dolor, de caos, de tristeza, de malestar. Sí, sí, son mis marcas. Sí, sí, también las líneas de tu cuerpo lo son (es que en ocasiones pasas de mí, ¿sabes? Y como que no me gusta que ignoren los hechos verdaderos y se monten fantasías de Barbie en la cabeza).

¿Todavía no?

¿No te acuerdas de aquella mañana? Tercera fila, parte derecha, primera columna. También estuve aquella tarde, cerca de… ¿En serio que no?
A ver, a ver.
¡Oh, las madrugadas, las noches! ¡Ahí me tienes que recordar!
¿No te viene a la cabeza cuando estuve contigo aquella noche en la que…? Ay, es que han sido tantas, tantísimas, ¡decenas! ¡Si soy la única compañía que no te va a abandonar!

Oh, exacto: Abandono.

Abandono, eh. Soledad, desamparo. Eso te va sonando. Vamos con otra palabra: ¿Juicios? Ah, por tu cara veo que también la captas. Bien, bien. Así me gusta. Miedo, ¿a que sí? Por favor, soy completamente normal, sólo soy tu mayor apoy...



Oh, ¿y esas lágrimas?

Tranquila, yo te las seco, no pasa nada. Estoy aquí siempre, quieras o no, me ignores más o menos, siempre estaré aquí. Absolutamente siempre. Sé que intentarás sustituirme, lo has tratado de hacer más veces, pero volverás, vaya que si lo harás. Volverás y yo estaré ahí para darte un afilado abrazo, uno interminable, que te haga cerrar los ojos y llorar.

Siempre voy a estar ahí, no te preocupes.
Si necesitas algo, ya sabes qué hacer, ¿a que sí?


Oh, si... ¡Si ya lo estás haciendo!
Buena chica.

28.4.13

Si caes al suelo, límpiate y arriba

¡PUM!

  La impasible realidad te golpea, tus invisibles ilusiones se rompen.
  Y eso que sólo es el primer golpe.
  ¿Ya estás en el suelo, tan pronto te rindes?
  ¡Arriba!

¡PUM!

  ¿De nuevo en el suelo?
  ¿No ves los añicos a tu alrededor?
  ¿No ves tu manos sangrando por culpa de ellos?
  ¿Qué ocurre, qué pasa, no te vas a mover de ahí abajo?
  ¡Levanta!


¡PUM!


  Permita que me ría de ti y de tu desconsuelo.
  Continúas ahí tirado, insomne, en tu desvelo.
  ¿Quieres un consejo?
  Observa el siguiente golpe.
  ¡Y sal a su encuentro!

...

  ¿Lo ves?
  Todo resuelto.
  Levanta ahora mismo del suelo.
  No mires a tu alrededor, ahora mismo no hay nadie, ningún consuelo.
  Lo siento, amigo, a veces las cosas no salen como queremos.
  Es una lástima, lo sé.

¡PUM!

                              ¿No viste llegar a la realidad de nuevo?
                              ¿De verdad pensabas que se había rendido?
  Me ahogo, no puedo,                                                  
quiero que acabe este infierno.                                                  
                              Tú dices eso, ¿pero crees que la realidad lo piensa?
                              ¿Crees que cederá a tus lamentos?
Silencio, calla, ¡no quiero escucharte!                                                  
                              ¿Me quieres silenciar?
                              ¿De verdad estás hablando en serio?
                              ¿A mí me dices eso?
Vete, por favor, déjame solo, por Dios.                                                  
                              Levanta del suelo, anda.
No tengo fuerzas.                                                  
                              ¿Eso es todo?
No puedo, lo siento.                                                  
Me pesa todo mucho,                                                  
me embarra las manos,                                                  
me empuja hacia el suelo.                                                  
                              ¿Quieres un consejo?
No quiero tus patrañas,                                                  
déjame solo, voz bastarda.                                                  
                              Pide ayuda.
¿De qué servirá eso?                                                   
La gente me dará la espalda                                                   
o me pisoteará hasta que me duela más el alma.                                                  
Vete, por favor.                                                  
                              Si no la pides, peor será.
                              No te levantarás jamás.
No creo que...                                                  
                              Vamos, ¡aprisa!
                              ¡La realidad te visita!
...                                                            
...                                                            
¡AYUDA!                                                            

PUM...
Pum...
....
Pum-pum, pum-pum...
Latidos de corazón.
Pum-pum, pum...
...
FIN DE LA FUNCIÓN.




16.4.13

Y, como una serpiente...

  ... escala por mi cuerpo.                                                .


  Comienza por los dedos de mis pies. Se desliza con un sonido que se mete en la cabeza.
  Avanza por las pantorrillas, enroscándose sin llegar a apretar. Confiándome en que no me hará daño, ascendiendo con cuidado. Noto su frío en las piernas... Que a temblar empiezan.
   Llega a mi vientre. Su cabeza parece dispuesta a recorrer todo mi abdomen. Noto el cosquilleo. Un cosquilleo desagradable, un cosquilleo del que empiezo desconfiar, a pensar que aquel animal nada bueno augura.

  Se mantiene ahí. Se da tiempo para enroscarse. Junta los brazos a mi cuerpo, impidiendo que los mueva. Dándome a entender que ella manda, que no puedo hacer nada.

  Y aprieta.

  Cada vez siento más la presión de sus escamas contra mi piel desnuda. Frío y un escalofrío. Mis tripas se remueven y siento por fin el nerviosismo que caracteriza la supervivencia de los animales, la que te hace mirar a todos los lados, la que te acrecienta la velocidad de la respiración, la que te seca las lágrimas incluso antes que salgan.

  No hay escapatoria.

  Se aproxima a mi cuello y lo rodea, acariciándolo, disfrutando... Apretando.

  Grito que pare, que se detenga, que no quiero que me venza.

  Las palabras salen atropelladas de mi boca, ¿por qué tuve que dejar que subiera?

  Es entonces cuando sus ojos se clavan en los míos, recordándome el fin de su existencia. Mis problemas, mis temores, mis vergüenzas... En esas extrañas pupilas rasgadas quedan todas ellas reflejadas.

  Sollozo y me ahogo.

  Necesito ayuda.
  Nadie me escucha.

  Mi cabeza explota, el rasgueo de sus movimientos me derrumba y choco contra el suelo... Siquiera eso. Continúo mi trayecto en una caída sin retorno. Mis miedos ni se inmutan, aprovechan la situación y me dan ese mordisco, lleno de veneno, desprovisto de ilusión, para soltarme y dejarme morir paulatinamente, con lentitud, burlándose de mí con esa lengua alargada y dividida en dos.

  Odio esta situación y, lo peor, es que podría haberla evitado...

Yo...


... si no hubiera dado vueltas a lo que era inamovible,
si no hubiera acallado mi mente,
si no hubiera dejado que escalara,
nada de esto habría pasado, no habría sucedido nada.


12.4.13

¿Llorar es de débiles?

  Terminas llorando, la única solución que te queda.
  Aunque ni siquiera es una solución porque no arreglas nada de nada. 
  ¿Verter lágrimas al vacío acaso te proporcionará alguna solución a lo que la causa?
  En absoluto.

  Actuará como morfina, atenuando el miedo, los nervios que atenazan las entrañas, los temores que se cobijan en recovecos de tu cerebro asaltando tus pensamientos cotidianos... Pero llorar no terminará con nada, sólo lo reducirá, un poco... Lo suficiente para que puedas dormir esta noche con el rostro bañado en esas lágrimas cristalinas donde reflejadas quedan cada temblor de labios y cada oscurecimiento de ojos.

  Pero ya.
  Se gastarán, dormirás, tendrás temibles pesadillas, no habrás solucionado nada, te acosarán esas escabrosas ideas que atentan con destrozar tu felicidad...

  Y recaerás.

  ¿Llorar es de débiles?
  No.
  Nadie es débil. Es de humanos dejarse caer en acciones que alivien el cuerpo y la mente.

  Si no puedes más, llora. Nadie te puede juzgar. No es malo. No cometes un crimen. No solucionas nada. Pero quedarás aliviado y, quizás, después, puedas ver algo esclarecedor que termine con los miedos...

O NO.
Y puede que sigas recayendo una y otra vez,
sumergiéndote en una vorágine 
donde tus propias lágrimas te ahogarán.