En ocasiones me da por pensar en el ojalá. Jamás una palabra pudo expresar más que un hecho... Que no realizaré jamás.
Ojalá me cure.
Ojalá pueda merecer algún día a quien amo.
Ojalá pueda ser esa persona feliz en un futuro cercano.
Ojalá viva en una cabaña.
Ojalá, ojalá, ojalá.
No os cansa la palabra, ¿verdad?
Tan llena de posibilidades está...
Ojalá se acabaran las mentiras.
Ojalá se terminaran las guerras.
Ojalá muriera la hipocresía.
Ojalá la gente no se canse de la vida.
Ojalá todos se ayudaran como hermanos.
Ojalá la religión no fuera causa de tantos atentados.
Ojalá todos se comportaran como humanos y no como desalmados.
Ojalá, ojalá, ojalá.
No os cansa la palabra, ¿verdad?
Tan llena de sueños está...
Ojalá se cumplieran las posibilidades.
Ojalá no hubiera palabras que destrocen las personalidades.
Ojalá, ojalá, ojalá.
¿Os habéis cansado de ella ya?
Una cosa os he de confesar...
Yo sí porque es una palabra que te termina llenando de pesar.
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10.3.14
10.2.14
«Venga, adelante, tú puedes»
... sabes que te engañas.
Estás con el ánimo por los suelos, escuchas un piano. Escuchas el sonido del movimiento de la tecla al ser pulsado.
Y así con todo.
Ves los cuadrados minúsculos de la tela de un estuche, ves la tinta que dan forma a las palabras apelotonadas en un folio donde ves las fibras del papel blanqueado. Ves en el reflejo del bolígrafo las partes rayadas al azar.
¿A causa de qué estará así el tubo transparente del BIC?
Incluso las motas de polvo las ves. Casi imperceptibles, moviéndose con una brisa que no llegas a notar pero que parece ondear por toda la habitación.
Posas la vista hacia la cama.
Como antes, ves el tejido. Ves dónde alguien ha clavado incluso una aguja porque hay un cuadrado más ancho, un cuadrado fuera de lugar, que choca con la armonía del tejido. El cojín, igual. Incluso llegas a atisbar un pelillo semitransparente que corresponde a sus entrañas de variadas formas.
Alzas la vista. Te ves reflejado en la ventana.
Ves las ojeras.
Haces una mueca.
Una lágrima caer por tu rostro te encuentras. Pronto le sigue otra.
¿Por qué todo parece una mentira? ¿Por qué todo parece inútil?
¿Por qué?
Mañana podría atropellarme un coche. Esta noche podría sepultarme el edificio. Esta tarde podría haberme caído una maceta.
La razón por la que existo es mero azar.
¿Por qué entonces me encuentro mal por lo que hago?
¿Por qué por mucho que me repita «Venga, adelante, tú puedes» no dejo de pensar en la inutilidad de lo que haga porque podría no terminarlo o no servir para nada?
¿Por qué?
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Reflexión
25.1.14
Reflexión I
Está volviendo a pasar. Así comenzó la otra vez... Parece que vaya por cuencos: Empieza a llenarse poco a poco, se llana la mitad, llega al borde y se desborda; después, se vacía por completo más o menos y vuelve a llenarse cada vez de un líquido más pegajoso y oscuro, un líquido al que le cuesta desbordar y, cuando lo hace, va a una lentitud suprema.
Como decía: Está volviendo a pasar.
El cuenco no se había vaciado del todo. Lo sé yo y lo sabe cualquiera que haga un informe superficial de mi estado. El cuenco se ha llenado de otro líquido que parece querer endurecerse para quedarse ahí. Es bastante inútil querer despegarlo porque no ha disolvente que lo consiga, estoy completamente segura, ni las pastillas ni la sinceridad. Te das cuenta de que ese maldito líquido pegajoso está atacando incluso a personas ajenas al cuenco. Podría ser más grande o podría almacenar algún gas y no un líquido. Los cuencos de gas seguro que son los más ligeros y libres. Incluso los cuencos sólidos aguantan mejor que el de líquido pegajoso del mío.
¿No es más fácil volcar un cuenco de arena que de dentífrico? Sí, claro que lo es: La arena sale continua, sin detenerse y, casi nunca queda ningún grano dentro. ¿Por qué yo no puedo tener arena, agua pura u oxígeno? ¿Por qué?
No puedo limpiar ni el cuenco ni lo de dentro ni echar otra cosa. Tinta... ¡Es como la tinta más gruesa jamás existida! No es algo que aliente el alma, pero quizás sólo sea tinta que que mancha uncluso a las personas. La tinta. Es curioso que cambiando el orden pueda salir "titán", eh.
El cuenco de titánica tinta. Parece nombre de película de ciencia ficción de los años en que cualquier cosa ajena a la tierra ere verde, con cuatro dedos y cuerpo larguirucho. Sin embargo, no lo eso, por suerte para la cinematografía.
El cuenco este existe. Querría saber por qué tinta. La tinta es muy difícil de quitar.
Quizás sea eso: Que nunca se va. Quizás tenían mis profesores razón y metí la pata de lleno ignorándolos. Quizás sea que el recordar demasiado me afecte. Claro, al hacer eso, la tinta se enfría y se endurece. Es como sumergirte en un océano: A mayor profundidad, menos calor... Y oxígeno. Te terminas ahogando. Yo me ahogo. Me sumerjo tanto y sin saber bucear bien en mi memoria que termino perdiendo la consciencia y empiezan los ataques de las profundidades.
¿Por qué atacan? Se supone que en lo profundo no debería vivir nadie y menos algo que me hiciese daño, ¿no? ¿Por qué? ¿Por qué pasa eso? Quizás deba bajar una cámara y no yo. O quizás no es real. O puede que los ataques sean exagerados porque no ves nada ajeno a la oscuridad de las profundidades. Una linterna. Espera. No hace falta nada. Tendría que ser capaz de pensar algo pasado sin que me dé un ataque. Por muy terrorífico que sea. Todo el mundo (o casi todo que yo conozca) pueden.
¿Por qué atacan? Se supone que en lo profundo no debería vivir nadie y menos algo que me hiciese daño, ¿no? ¿Por qué? ¿Por qué pasa eso? Quizás deba bajar una cámara y no yo. O quizás no es real. O puede que los ataques sean exagerados porque no ves nada ajeno a la oscuridad de las profundidades. Una linterna. Espera. No hace falta nada. Tendría que ser capaz de pensar algo pasado sin que me dé un ataque. Por muy terrorífico que sea. Todo el mundo (o casi todo que yo conozca) pueden.
¿Por qué yo no?
Quizás ea por cobardía. O porque me he cansado. Sí, es cierto que estoy cansada. Bastante diría yo, pero no tengo razones para ello. Solamente me cuesta y seguro que he sido lo estúpidamente perezosa...
No, no es eso. Es el miedo al fracaso. Miedo al qué dirán. Supongo que hablo más que hago y que, cuando digo "me da igual lo que diga" , miento. Suelto esa mentira. Una de las gordas y equivalente a una ballena azul sobre una bacteria. Quizás sea eso o miedo. Miedo de verdad. Lo pienso así porque no quiero estar así y, por mucha pereza que pudiera tener, estoy escribiendo esto. Intento quitar peso de mi cuenco con palabras. Paabras escritas con tinta. Joder, la única vía de escape es encontrar un uso a esa tinta.
A medida que escribo, el cuenco se aligera al mismo tiempo que mi cabeza. Todo está más claro y para eso sólo he tenido que escribir. Pero no sirven cuentos o historias, tengo que escribirlo todo y compararlo todo con cosas sencillas. No tego que tener cuidado de nada porque nadie va a leer esto, en cierto modo. M e refiero a que no, no tengo que tener miedo a enrollarme ni a tener cuidado con lo que digo: No es necesario.
Incluso me da igual si escribo bien o mal, solamente es una vía de escape, joder. Por eso no tengo que dejar esto a medias. En un futuro, digo. Mañana igual sigo, seré psicóloga y paciente, tengo que resolver yo misma mis problemas y dejar de manchar de tinta al resto.
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